Salchichas en salsa de vino

Durante las vacaciones de verano siempre pasaba unos días, en el pueblo.

Mi tío que era camionero, aprovechaba algún porte que hacía a nuestra ciudad y me llevaba. El viaje se hacía infinito, por la cantidad de paradas que hacía para subir mercancías al camión.

Mi abuela. salía a nuestro encuentro y me envolvía en un abrazo cálido y efusivo, seguido de una lluvia de preguntas, que nunca me daba tiempo a contestar.

Tenía la cara arrugada, castigada por el sufrimiento, la mirada intensa llena de recuerdos y un cuerpo pequeño, valiente y enérgico.

Siempre vestida de luto, se peinaba con un moño perfecto que el tiempo volvió blanco.

Sus ojos inquietos me miraban buscando todos los cambios que se habían perdido desde la última vez que me  habían visto.

Luego cogida de su mano subíamos caminando hasta su casa, por el camino las vecinas iban saludándonos:
– “Anda, ya estas aquí”
– “Ya has venío”
– “¿Qué tal por los Madriles?”
– “¿Te vas a quedar hasta las fiestas?”

Llegaba con hambre de todo el día, estaba en esa edad tan peligrosa para la nevera, y mi abuela que lo sabía, siempre me tenía alguno de sus estupendos platos preparados. Era una cocinera magnifica y disfrutaba viendo la satisfacción con la que yo recibía cada una de sus comidas.

Las salchichas al vino,  que ella hacía me gustaban mucho, nunca me venía del pueblo sin haberlas cenado un par de noches.

El otro día en un grupo de cocina, presentaban este plato y casi sin darme cuenta recordé a mi abuela, su receta …, y me dí cuenta que no había vuelto a comerlas desde que ella dejó de cocinar.

Tarde cinco minutos en salir a comprar los ingredientes  y aquí está el resultado.

¿Qué necesitamos? (4 raciones)

12 o 16 salchichas frescas, si lo haces con longanizas, O, 3 o 4 longanizas  (dependiendo del hambre que tengáis)
200 ml. de vino blanco
200 ml. de caldo de pollo
1 cebolla
1 diente de ajo
1 hoja de laurel
aceite de oliva
sal
pizca de tomillo

¿Como lo hacemos?

Ponemos la sartén a fuego medio alto, añadimos un chorro de aceite de oliva, para dorar las salchichas por todos los lados.
Mientras se doran;  pelamos las cebollas y el ajo. He cortado la cebolla con ayuda de una mandolina en tiras muy finas y el ajo en láminas. Sacamos las salchichas y reservamos.
En ese mimo aceite, bajamos el fuego a medio bajo y pochamos la cebolla, con un poquito de sal para que sude, cuando ya esta dorada añadimos el ajo y damos un par de vueltas.

Subimos el fuego e incorporamos, nuevamente, las salchichas, el vino, el laurel y el tomillo.
Cuando se haya evaporado el alcohol del vino bajamos el fuego.

Es el momento de echar el caldo, rectificar de sal y dejarlo hasta que se reduzca todo el líquido y nos quede una salsa densa.
Mi abuela siempre acompañaba este plato con patatas fritas cortadas en cuadraditos, y a mi me sigue pareciendo el acompañamiento ideal.
Si quieres hacerlo así necesitas una patata pequeña por persona, las cortas en cuadraditos y las fríes, cuando ya están listas y a mitad de cocción las añades a la sartén con las salchichas y continuamos a fuego bajo hasta que la salsa esté densa.

Colaboración de mi hijo
Se ha encargado de las patatas y de comer después disfrutando de cada trozo y repetirme mil veces, que porque no lo había hecho antes.

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