Este muslo de carne prieta y curada que cuenta su vida como un libro abierto, de salados olores y matices intensos, modelado con lentitud y sabiduría.
Creado para recrear nuestros sentidos, su color, su textura, su sabor, su aroma. En tapa, bocadillo, canapé y comida, tan nutritivo, tan rico, tan deseado.
Aunque despunten la nueva cocina y la deconstrucción, solo él se hace merecedor de museos y templos, porque al comerlo los problemas del alma arrinconamos.
Jamón con apellido rendida quedo, hasta que la muerte nos separe.
Sí, me gusta el jamón más de lo normal ¡Y a mucha honra!, mi pan tostado con jamón cortado a cuchillo, acompañado del pisto que engalana el pan, protocolo alimentario que consigue que la boca se haga agua, ritual de un mordisco anticipado, acompañado de cerrar de ojos y disfrutar con gula.
En fin como dice una chirigota de Cádiz, «Se nos acabó el jamón de tanto usarlo, de tanto cuchillazo sin medida…»
Ingredientes
1 tapa de jamón bien cortado (se puede sustituir por lomo)
1 rebanada de pan de pueblo tostado por persona
pisto para untar el pan
2 huevos de codorniz por persona
Sal y aceite de oliva
Elaboración
Para hacer esta receta, nos facilita mucho el trabajo tener una plancha o una sartén grande.
En primer lugar tostamos las rebanadas de pan por ambos lados
Después calentamos el pisto (se puede sustituir por rodajas de tomate, en este caso no se calienta) y lo añadimos al pan
Ponemos encima de cada rebanada de pan el jamón
Empezamos con los huevos; se abren con más facilidad si les damos un golpe seco con un cuchillo en mitad del huevo y se van poniendo sobre la plancha. Cuando ya están bien hechos se coloca un par de huevos sobre cada rebanada de pan con pisto y jamón.
Colaboración de mi suegra






